Ciudad de Montevideo

Había una vez una ciudad que nació amurallada y junto al mar.

En ella se daban cita todos los vientos.uruguay-montevideo7

Fue pensada como un damero y resultó muy fiel y muy reconquistadora, e hizo de ello su forma de patriotismo. Peleó largamente con un territorio indómito que le era hostil, pero al que finalmente logró imponerle su condición de capital. Para ello tuvo que atrincherarse tras sus murallas una y otra vez, entreverarse en la lucha de los imperios y convertirse en una nueva Troya cosmopolita. Supo tener tertulias, corridas de toros y un puerto henchido de velas. Incluso un día se vio pasar una gigantesca cañonera por su calle mayor, navegando lentamente sobre rolos de madera, buscando el mar. También tuvo intelectuales y dandys que la miraron con desprecio, como una miserable aldea, mientras paseaban extravagancias por sus esquinas. Luego la invadió el asombro, cuando terminó de caer el murallón y descubrieron la arena, las playas, el fútbol y los biógrafos. Fue por entonces que la compararon con Atenas, con Suiza y con una tacita de plata. La despertó de su inocencia el Graf Spee en llamas, hundiéndose en sus costas; la violencia y el miedo marcando su historia; los exilios, los insilios, la lluvia de cenizas… Finalmente, decidió ser un circo posmoderno, donde hay tango, candombe, lujo, miseria, memoria y olvido. Eso sí, es una ciudad encantada: nadie puede escribir sobre ella sin amarla, para bien o para mal. Es Montevideo, la malbienquerida.”   Ana Ribeiro

 

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